October 2006
¿Cuál es la relación entre Halloween (Jaloín) y el Día de Todos los Santos?
Halloween aparece hoy en día en nuestra cultura norteamericana como una fiesta secular y sin sentido religioso en particular. Pero es un hecho que sus raíces son religiosas, como claramente lo muestra el significado de Halloween (Víspera de Todos los Santos).
La Fiesta de Todos los Santos es el día en que los cristianos recuerdan los innumerables hombres y mujeres santos que han muerto y ahora forman parte de la Comunión de los Santos en el cielo. Ese recuerdo de los muertos y nuestra unión con ellos en la “Comunión de Santos" es el origen de la fiesta del Halloween "secular" en la que los muertos parecen caminar entre nosotros. Las máscaras que usan los fiesteros eran originalmente disfraces para imitar a los muertos y recordarnos visualmente su presencia entre nosotros. Como la Iglesia celebra las fiestas litúrgicas importantes empezando con la caída del sol de la víspera, la noche anterior a la fiesta de Todos los Santos era el momento en el que se usaban estos trajes dramáticos. La gente representaba nuestra creencia de que aquellos que pasan a la vida eterna primero que los vivos siguen "relacionados" con nosotros de forma real. Pero el mensaje tranquilizador del Día de Todos los Santos ha sido transformado en la versión secular que enfatiza la representación de la muerte como macabra y de los fantasmas que tienen el propósito de espantar y no de tranquilizar. Cuánto mejor sería que los niños pudieran disfrazarse con trajes que nos recordaran a los santos y héroes de la fe cristiana con quienes continuamos en una "comunión" de amor.
¿Qué le pasa a la gente cuando se muere?
Lo que nosotros llamamos “la muerte” parece ser el final completo de la existencia de las personas. Pero nuestra fe nos dice que las apariencias pueden engañarnos. Creemos en fe que la muerte es la separación del cuerpo y del alma de una persona. Además, creemos que nuestra alma es inmortal y continúa viviendo más allá de nuestra muerte física. Cómo es exactamente la existencia de un alma después de la muerte o cómo es la experiencia de la muerte es algo que no conocemos con seguridad. Pero nuestra fe nos enseña que después de la muerte mantenemos nuestra identidad personal y que vamos ya sea con rumbo a Dios (cielo) o alejados de Dios (infierno). La Biblia claramente nos dice que en el Último Día quedarán solamente el cielo y el infierno y la tierra no existirá más. Para aquellos que van a Dios (cielo) creemos que antes de entrar a la presencia de Dios en el cielo, uno deberá purificarse de cualquier imperfección. Esa experiencia de ser purificados de las imperfecciones que aún tenemos a la hora de la muerte es lo que la Iglesia llama purgatorio. Sabemos muy poco acerca del purgatorio, pero podríamos decir que las ilustraciones comunes del purgatorio como un lugar de tormento, probablemente no nos ayudan mucho a entender cómo somos purificados, santificados y perfeccionados con el fin de estar listos para ver a Dios cara a cara. Aquellos que mueren llenos del amor perfecto de Dios entran inmediatamente a la felicidad del cielo; mientras que aquellos que mueren con los corazones completamente alejados de Dios y cerrados a Él pasan una eternidad sin Dios, en esa actitud que han escogido. Esa es la experiencia de la que hablamos cuando nos referimos al infierno.
¿Cómo es el cielo realmente?
No hay ninguna foto o pintura en el mundo que nos muestre cómo es el cielo realmente ya que el cielo es algo “fuera de este mundo”. Sin embargo, la Biblia nos da una idea de la esencia de cómo es el cielo. En la Primera Carta de Juan (4,8) escuchamos que “Dios es amor” y sabemos que el cielo por definición es una condición o estado en el que viviremos con Dios para siempre. Para entender un poquito mejor lo que es el cielo debemos pensar e imaginarnos cómo nos sentiríamos si fuéramos amados por el Amante perfecto y para siempre. Es necesario que recordemos esos momentos maravillosos en que nos sentimos seguros, queridos y amados y los multipliquemos por un billón. Necesitamos imaginarnos que somos amados total e incondicionalmente de manera que nos sentimos más felices de lo que pensamos o soñamos sentir. Y si agregamos a ese conocimiento el de que compartiremos el cielo con otros –todos aquellos que han vivido sobre la Tierra y que aman a Dios– nos damos cuenta de que parte de la felicidad del cielo es formar parte de una comunidad de gente que está unida y en perfecta armonía –como la familia mejor y más feliz que haya existido jamás. Finalmente, como sabemos que cuando llegue el fin del mundo tendremos un cuerpo resucitado igual al de Jesús, podemos imaginarnos que en el cielo tendremos un “cuerpo espiritual” que es nuestro; un cuerpo que no sufrirá dolor ni vejez ni nada que disminuya la felicidad perfecta. Esto es probablemente la parte más difícil de imaginarnos –un cuerpo como ninguno que hemos conocido, mas será nuestro propio cuerpo que continuará haciéndonos la persona única en la que nos hemos convertido con nuestra vida en la Tierra. Es en ese cuerpo resucitado que conoceremos a Dios para siempre y estaremos llenos de amor y perfectamente felices para toda la eternidad. ¡Es así como “realmente es el cielo”!
¿Veremos a nuestra familia y amigos al llegar al cielo?
Una de las tradiciones más antiguas de la Iglesia es la que conocemos como la “Comunión de los Santos,” por la cual creemos que más allá de la muerte existe una profunda unión de amor con todos aquellos que han muerto en Cristo. Artistas desde los primeros inicios, tratando de imaginar cómo es el cielo, han mostrado escenas en las que todos los santos de Dios están reunidos. Hasta en el Nuevo Testamento, en el Libro del Apocalipsis el autor se imagina el cielo como el lugar en donde todos aquellos que se mantuvieron fieles a Cristo se reunirán al rededor del trono de Dios. Aunque no tenemos la certeza de cómo será exactamente, podemos asegurar a nuestros hijos con plena confianza, que en el cielo nos reuniremos con aquellos a quienes amamos en la Tierra. |