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EL DÍA DE LOS MUERTOS
por Marina Herrera, PhD

La Iglesia celebra la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, o Día de los Muertos, el 2 de noviembre, un día después de la fiesta de Todos los Santos. El día primero del mes celebramos a todas las almas, conocidas o no, que ya gozan del cielo, y el día siguiente rogamos por todas las almas de los que han muerto –no solo por nuestros parientes y amigos difuntos, sino también por los que no tienen quien rece por ellos. Cada pueblo cristiano expresa la Fe en términos de su propia cultura, enfatizando los aspectos que les parecen importantes, y poniendo menos énfasis sobre lo que no le habla a su mentalidad colectiva. Por ejemplo, los irlandeses y otros pueblos célticos adaptaron su antiguo festival de Samain – la noche en que los espíritus de los muertos volvían a este mundo, a día de difuntos, y así nos dieron la fiesta de Halloween (la víspera de todos los Santos, en vez del día siguiente a esa fiesta).

La religión azteca tomaba la muerte muy en serio, y los misioneros cristianos insistían que la muerte no es nuestro destino final, pero también recomendaban la meditación sobre la muerte como un contrapeso al apego a los bienes de este mundo –su imagen favorita de San Francisco no era del santo predicando a los pajaritos, sino contemplando una calavera. Y por supuesto, los frailes recomendaban la oración por los difuntos. Basándose en esto, el pueblo mexicano fue creando sus propias tradiciones y celebran el Día de los Muertos como una fiesta –la Hermana Muerte (como la llamaba San Francisco). En ese día se venden pasteles y confites de azúcar en forma de calaveras y huesos, y el pueblo no solo asiste a misa por sus difuntos, sino que visita los cementerios, llevando ofrendas de comida a las tumbas y creando un aspecto festivo que deja a los “turistas” sorprendidos. La muerte es parte de la vida; no va contra la naturaleza de las cosas, ni es, a la larga un estado final. Aun ahora, la separación de nuestros difuntos es solo aparente; los lazos invisibles que unen a la comunidad cristiana no se rompen con la muerte.

Sabemos que aunque en menor escala todos los países de Latinoamérica marcan el Día de los Fieles Difuntos con responsos, misas, visitas a los cementerios donde se limpian las tumbas y se decoran con flores, retratos y otros símbolos de los seres queridos. Esa tradición de recordar a los que nos precedieron es importante que se cultive en lo posible en un ambiente en el que se evita hablar de una realidad que no es posible ignorar. La conmemoración con misas especiales y visitas a los cementerios es una manera de relacionarnos con nuestros seres queridos que han partido, y también una ocasión para dar testimonio de nuestra creencia en la continuidad de la vida aunque sea de forma diferente a la que ahora conocemos. “Las almas de los justos están en manos de Dios y no las alcanzará ningún tormento” (Sab 3,1), son palabras de la liturgia del día que deben ser nuestras. También es un buen momento para ponderar la naturaleza pasajera de lo que somos y estar mejor preparados para cuando termine nuestro paso por esta vida. Aun los niños pueden ser partícipes de oraciones y ofrendas florales a todos los difuntos que están conectados con sus familias, escuelas o comunidades de fe.

La costumbre de los novenarios de oraciones y misas después de la sepultura de una persona fallecida es otra costumbre que ayuda a las familias hispanas a aceptar la pérdida y a traer consuelo a los dolientes. Estas tradiciones pueden ser maneras de fortalecer la participación de los fieles en la vida de la comunidad de fe y también para fortalecer la esperanza cristiana de la vida futura en el Señor.

Marina A. Herrera, nació en Baní, República Dominicana y obtuvo un doctorado en teología con énfasis en la eclesiología de América Latina de la Universidad de Fordham, en Nueva York. Su trabajo catequético y teológico para parroquias e instituciones multiculturales la ha llevado a la Arquidiócesis de Chicago, el Seminario New York Theological, el seminario de Maryknoll, Mundelein College, Washington Theological Union y Wesley Theological Seminary en Washington, D.C. Ahora escribe, da presentaciones y asesora instituciones dedicadas a la preparación de catequistas, seminaristas y ministros para la Iglesia multicultural. Ha participado en la elaboración de materiales producidos para la comunidad hispana por World Library Publication and Liturgical Training Publications de Chicago, Ecos de Fe para Resources for Christian Living, Allen, Texas, La Fe Viva meditaciones bíblicas diarias para Creative Communications for the Parish, y ¿Por qué Ser Católico? para Renew International, entre sus más recientes proyectos.


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