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LAS PROCESIONES DE SEMANA SANTA por Marina Herrera, PhD
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La tradición católica tiene una práctica que se remonta al Antiguo Testamento, y que, a pesar de haber sido tenida a menos en algunos países, se está volviendo a apreciar en nuestra época: rezar no solo con el corazón o la mente, sino con el cuerpo. O sea, con toda la persona. Y es algo que la cultura hispana nunca ha abandonado.

Una de las maneras en que la cultura hispana reza con el cuerpo es celebrando procesiones, en las que la comunidad reza caminando, y dando al espacio secular de un vecindario una significación sagrada. Y entre las procesiones más significativas para el alma de nuestro pueblo están las de Semana Santa. Son muy conocidas las procesiones de la Semana Santa en Sevilla, con sus largas hileras de Penitentes, y sus imágenes talladas por los más famosos escultores del Siglo de Oro. Pero a un nivel más sencillo esto sucede en las más humildes aldeas de España y América Latina.

Una tradición muy hermosa es la Procesión del Santo Encuentro. Los hombres salen de una iglesia o capilla con la imagen de Jesús Nazareno con la Cruz a cuestas, y las mujeres salen de otra con la imagen de la Dolorosa. Ambos grupos recorren distintas calles, cantando himnos, hasta que en un lugar determinado las dos procesiones se encuentran, como María se encontró con Jesús camino al Calvario, y los dos grupos regresan juntos a la iglesia principal.

La procesión más importante de todas es el Santo Entierro, que tiene lugar después del Oficio de la tarde del Viernes Santo. Se llevan en andas la cruz con el sudario y la imagen de la Dolorosa, pero sobre todo se lleva una imagen de Jesús muerto dentro de un ataúd de cristal. Antiguamente, cuando millares de campesinos bajaban al pueblo el Viernes Santo, no cabían en la iglesia, sino que llenaban la plaza. Pero después del oír el oficio “por las ventanas,” la procesión salía a las calles, y todos podían participar en el “entierro” de su Señor. En muchos pueblos también se hacia otra procesión el Viernes por la noche: la Procesión de la Soledad, con la imagen de la Dolorosa, la Madre que se queda sola al morir su hijo.

En la madrugada del Domingo de Pascua muchos pueblos celebran otra versión del Santo Encuentro. Las mujeres salen otra vez con la Dolorosa, pero los hombres salen con el Cristo Resucitado. Al encontrarse las dos procesiones, le arrancan el manto negro a la Dolorosa, y por debajo tiene un traje de fiesta.


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