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JESUS NAZARENO por Marina Herrera, PhD
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No hay país que fuera colonizado por los españoles que no conozca la devoción a Jesús Nazareno, el Cristo de la Pasión, que aún persiste con profundo arraigo en el alma popular. La devoción no está dirigida al Cristo crucificado, sino al Jesús con su túnica morada, coronado de espinas, amarrado como un preso o cargando la cruz. La devoción ha persistido porque sus raíces calan hondo en la espiritualidad y la teología pretridentina de España.

La imagen del Cristo Resucitado como Señor del Universo que la iglesia imperial romana llamaba el Pantokrator, (Todopoderoso, en griego) no atraía fácilmente a los pobres, los que no tenían poder. Pero cuando al impulso de la devoción franciscana surgió una imagen de un Cristo azotado, escupido, burlado y cargado con la Cruz, el pueblo se identificó con él. Ese era un Cristo en su misma situación; un Cristo que les comprendía. Este sí era el Cristo de los oprimidos, que conocían la vida, no como resurrección, sino como pasión. Este es el Cristo que bajó del cielo para conocer el dolor de la humanidad; que siendo Dios, no se aferró a sus derechos, sino que se vació a sí mismo y tomo la forma de siervo (Fl 2:6). No hay corona sin cruz; no hay resurrección sin muerte; no podemos unirnos al Cristo Resucitado si no nos unimos antes a Jesús Nazareno que atraviesa por su Pasión.

En muchos lugares esta imagen de Cristo abusado e impotente se conoce paradójicamente como El Señor del Gran Poder. El pueblo ha captado perfectamente lo que San Pablo expresa en I Cor 1:22-25: no es por la fuerza que Cristo vence, sino por su debilidad. El pueblo parece comprender instintivamente la doctrina del Evangelio de San Juan que el Triunfo de Jesús no espera al Domingo de Pascua, sino que comienza el Viernes Santo; que el sufrimiento no se vence bajando de la cruz (como le pedían los fariseos) sino subiendo a ella, y muriendo en ella.

La devoción a Jesús Nazareno toma muchas formas y es organizada por cofradías (a veces llamados Penitentes) que son responsables del mantenimiento de la imagen y de organizar las procesiones. Esta devoción, donde se mantiene hoy día en Estados Unidos se expresa en el Vía Crucis (que en muchos lugares se hace con representaciones vivas). Sin esa oportunidad para reflexionar en el significado y lugar del sufrimiento en nuestra vida, el Misterio Pascual se convierte en una caricatura del modelo de vida que Cristo propone.
Durante la Semana Santa, sin embargo, la catequesis para hispanos debe ayudarlos a profundizar también en el misterio del Cristo de la Resurrección, sin tratar de minimizar ni dejar de apoyar la profunda devoción a Jesús Nazareno que han practicado por siglos.


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