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Los Niños y la Asistencia a Misa. ¡10 Maneras de hacerlo más fácil!
Por Jacquie Jambor

1. Desidan como familia, hacerse el compromiso de asistir a Misa todos los domingos, a menos que alguna razón importante se los impida. Una vez tomada esta desición coméntela con sus hijos y afírmeles que ésta no será puesta a discución cada domingo. Esto, normalmente elimina la mayoría de las quejas y repelos. La clave está en no recompenzar estas quejas al escucharlas y hacer caso no asistiendo. Una vez que se establece el patrón a seguir, los niños se dan cuenta que es una perdida de su tiempo tratar de convencer a sus padres de no ir a Misa.

2. No espere que los niños vayan a Misa solos. Cuando los creyentes se reúnen en Misa, es un evento para la comunidad, y sus hijos deben estar ahí con su propia familia. Ni aún en el caso de los adolescentes, quienes pueden ya conducir su propio coche, y quienes muchas veces tienen ya sus propias actividades deben ser mandados a Misa solos a menos que no haya ninguna otra alternativa. Y por supuesto, todos hemos oído historias de amigos y familiares que cuentan lo que hacían ellos cuando sus padres los "mandaban a Misa."

3. Algunas veces ayuda unir "un premio" a la asistencia a Misa. ¿Qué tal ir a desayunar o a comer a un restaurant saliendo de misa? Esta puede ser una oportunidad fabulosa para que toda la familia comparta tiempo juntos el domingo. Si su familia prefiera asistir a Misa los sabados por la tarde, simplemente agregue cenar fuera esa noche. Ya sea comer en un restaurant de comida rápida o en un restaurant más formal, sus hijos verán el ir a Misa como un evento familiar, en lugar de verlo como una tarea.

4. Elija asistir a Misa a una hora que funcione para la familia. Si tiene adolescentes, trate de encontrar una hora que vaya bien con su horario y actividades sociales del sabado por la noche, así como sus posibles compromisos de trabajo. Si sus hijos son pequeños, lo más seguro es que la mañana les funcione mejor.

5. Elija asientos que les permita ver lo que está sucediendo. Especialmente los niños pequeños, tienen dificultad cuando no pueden ver lo que está pasando.

6. Mientras los niños son pequeños, recuerdeles seguido lo que es la reverencia. Haga ésto, antes de que se hayan ya portado mal. No le traerá ni a su hijo(a) ni a usted ningún beneficio el discutir el tema de la reverencia, una hora después de que éste(a) se haya portado peor que nunca. ¡Recuerde que cuando la mente empieza a distraerse, también su cuerpo lo hará! Y a algunos niños se les dificulta muchísimo estarse sentados quietos durante una hora.

7. Algo que pudiera ayudar a los niños a concentrarse durante la Misa, es el leer las escrituras con anticipación. A los niños que están cursando el cuarto año o menores, leales unicamente la lectura del evangelio. A los niños más grandes, leales también las primeras lecturas además de la del evangelio. Entonces, aníme a sus hijos para que pongan atención y vean si pueden escuchar algo nuevo durante las lecturas. Al salir de Misa asegúrese de preguntarles qué fué lo que escucharon.

8. Una vez que su hijo empieza a compartir de la Eucaristía, recuerdele que ya es un "miembro totalmente activo" de la comunidad de los fieles. Esto quiere decir que debe conocer las respuestas de la Misa, y que deberá rezar unido al resto de la congregación. Si su hijo necesita ayuda para aprender éstas, haga todo lo posible por ayudarlo a aprenderlas.

9. No espere perfección. Usted no está capacitado para poner atención absoluta durante toda la Misa, ni tampoco su hijo lo está. No combierta ésta en un exámen de inmobilidad y silencio. Un niño es un niño. Los niños se mueven y también hacen preguntas de vez en cuando. Recuerde, su misión es llevar a Jesús al corazón de su hijo(a), no sólo a su hijo(a) a la banca de la iglesia--¡En perfecto silencio e inmobilidad!

10. Comience a llevar a su hijo(a) a temprana edad. Y aún cuando su hijo(a)--que empieza a andar, o quien es ya un adolescente--no se comporta o viste perfecto, nadie tiene más derecho de estar ahí del que su hijo(a) tiene. Todo niño(a) por gracia del Bautismo, tiene el derecho de reunirse con los demás creyentes en Misa. Recuerde que fué Jesús quien dijo, "Dejad que los niños se acerquen a mi."


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